Abre los ojos.
Había una vez un país tan corrupto, que la corrupción se había hecho transversal. No sólo eran las élites dominantes. Su hacer se había interiorizado en sus cercanos y otros segmentos de la población. Los robados ya habían asumido como un mantra «que si tu mandases harías lo mismo».
Sin embargo, l@s jueces no se sabía bien porqué, era todos inmaculados. Eso sí ciegos ante las élites y ojos de lince ante l@s pringaos.
Y así seguí el mantra de la impunidad, «si tu fueras juez harías lo mismo».
Como veis querid@s amiguitos, era un país tan triste, que ya no quedaba una niña que dijera que «tanto el rey como los jueces y la democracia estaban desnudos».
YA TE DIGO.
Los nuestros, los, las y les libres.
